Carmenza de Cortés
¿Una correcta alimentación mejora mi estado de salud? ¿Es posible revertir condiciones de salud crónicas por medio de la alimentación?
Lee o escucha este testimonio de recuperación y verifica cómo es posible superar enfermedades por medio de la alimentación.
Soy Carmenza, la mamá de la doctora Adriana Cortés. Vengo aquí a compartirles mi testimonio, un testimonio que, gracias a Dios, primero que todo, y segundo a mi hija, estoy aquí en este momento hablándoles a ustedes con una excelente salud.
Yo tengo 69, ya voy para el séptimo piso, y me siento con la energía de una mujer de 40 años. Desde los 53 años, a raíz de la menopausia, se me desarrolló una artritis muy severa, con síndrome de Sjögren, los dolores no se los deseo a nadie.
Son terribles, le duele uno desde la punta del cabello hasta el pie. Para mí fue muy doloroso, primero porque yo soy una mujer muy activa, trabajo mucho, y me fascina estar moviéndome y haciendo cosas. No me puedo quedar quieta, entonces, los dolores eran tan inmensos que uno caminaba y parecía que le tuvieran unas mil agujas en un pie; si colocaba la mano para sostenerse, era lo mismo. En esta parte del fémur se calentaba tanto, tanto, tanto, que me tocaba llegar por las noches a colocarle hielo para quitar el calor tan intenso que tenía.
Yo viví con esta enfermedad muy traumatizada porque, primero, mi mamita ella le dio una artritis terrible y murió, no por la artritis, pero sí por las complicaciones que genera la artritis murió prácticamente en su silla de ruedas; no se podía mover y ella era una mujer muy activa, de la cual yo aprendí que la vida es moviéndose, uno trabajando, sacando a una familia adelante y no quedándose sentadita mirando pasar el tiempo. Mi papá también murió de Alzheimer.
Entonces, a raíz de verlos a ellos tan graves, yo sí le decía a mi hija, a la Doctora Adriana, que Dios me llevara a los 60 años, porque yo no quería ser una carga para mi familia, porque si uno se enferma y se vuelve una carga, así tenga unos 5 o 20 hijos ya se lo van a uno pasando del uno al otro y ninguno va a tener tiempo de atenderlo a uno.
Cuando mi hija me vio en esta situación de salud, cuando ella estaba estudiando en Australia, en Sídney, ella, yo le he pedido perdón toda la vida, me rogó tanto: “Mamá, cambiemos su forma de comer, ayúdese, yo estoy muy lejos, tú te enfermas y va a ser una tragedia mientras yo vuelo 24 horas, no quiero verte enferma.”
Como uno de mamá es como una mula, la razón la tiene es uno. Un buen día le dije yo a ella: “A mí usted no me puede quitar mi cafecito, imagínese la locura, mi cafecito, que, con queso, que, con esto, que con lo otro”; entonces yo le dije: “¡Ay mamita, pero ¡yo qué hago!” Entonces ella me dijo: “Mami, haz este cambio”; pero como soy tacaña, compré lo más feo que había, la llamé y le dije: “Oiga, mamá, ese café me supo a diablos, eso no me gusta”; pero entonces ella me dijo: “No mamita, con ese amor, se lo agradezco en el alma, con ese amor que me supo llevar”, hasta que me encaminó, cambié mi forma de comer, cambié mi dieta y, gracias a Dios, me di cuenta.
Yo la cambié, no me acuerdo exactamente el momento, pero a mi cuenta, un comienzo de semana y, como a los 10 días, la casa nuestra tiene 3 pisos; yo estaba en el segundo y yo bajaba con mucha dificultad la escalera y me llamaron para algo urgente en la cocina y yo bajé, soplada, como diría, que cuando yo bajé yo misma, quedé aterrada y dije: “¿Pero eso qué pasó? ¿Yo por qué bajo tan rápido, sin dolores?” Pues el cambio que hice ya me estaba transformando mi cuerpo a la normalidad; entonces, ahí fue cuando le dije a mi hija: “Mamita, te voy a hacer caso”, y me dijo: “Bueno mami, ¿y qué hacemos con mi papi?” Le dije: “Mamita, eso es fácil, manejemos los números, gastamos tanto en esto, gastamos tanto en esto y en esto gastamos esto, la diferencia es enorme”; entonces me dijo: “No, no, no, hágale, hágale, comamos lo que usted diga.”
Imagínese, la tortura que es viajar en un carro, pues es rico cuando uno es de paseo, pero cuando uno va ciudad en ciudad, tratando de atender todos los almacenes, pues es complicado; pero no, le doy gracias a Dios de que yo, sin cero dolores, les camino, les voy 15, 20 días, en Bogotá; todas las semanas me voy el lunes o martes, depende del pico y placa, y trabajo 3, 4 días, y en este momento yo no tomo ningún tipo de medicamentos, hace muchos años no los tomo, nada, yo no tomo, yo no tengo tensión alta, no tengo dolores de nada, hago ejercicio, entre comillas, porque me falta el tiempo, pero si en el momento de levantarme hago muchos estiramientos.
Realmente yo soy muy independiente, a mí no me gusta que me acompañen, yo me voy sola, hago mis mercados, hago mis vueltas, les hago vueltas a ellos, como les digo, les hago la ruta, los llevo al uno, los llevo al otro, ah, y cuando tenía la huerta, hace 3, 2 meses que vivíamos en otro sitio, el fin de semana, el sábado era para la huerta, porque me fascina la huerta, es lo más rico que puede haber; ustedes vean en la película Zonas Azules, la gente vive más de ciento y pico de años, porque en vez de ir a gimnasios, en vez de ir a todo, la actividad de la huerta da vida, uno agachándose, llevando la pala, echando la tierra, quitando que el gusanito, que echándole el bicarbonato, porque eso sí, nada de químicos, todo natural, para mí es una fantasía, y el domingo la fantasía mía es dedicarle a la familia.
Que nos vamos, ah, y me llevan a unas caminatas estos muchachos, Dios mío, Dios nos ampara, me exigen, es, mejor dicho, “no mami, mi mami puede”, y hasta me compraron unos palitos de senderismo para que no molestara y lo hiciera, y son más chéveres los palitos, porque ahora les gano a ellos.
Desde el 2018, 17 años, me di la oportunidad de cambiar mi estilo de vida, y los resultados han sido muy favorables. Cómo me gustaría que muchos de mi edad, o más jóvenes, que quieran estar sanos, se den la oportunidad, se abran a un cambio, porque los resultados son magníficos. Al comienzo uno comienza que, ay, no, que sí, pero cuando uno ve los resultados, arranca de una. Entonces, por favor, desen esa oportunidad, lo he visto, tanto en mi persona, como en toda la comunidad que tiene mi hija de pacientes, que han revertido sus enfermedades, y ahorita son personas sanas, saludables, activas; le dan gracias a Dios porque no están tomando medicamentos, y tienen una vida favorable, porque muchas limitaciones.
Un ejemplo, ¿cuánta gente a la edad mía no puede coger un vuelo? A mí el problema es que me digan por qué estoy en el aeropuerto esperándolo. Eso sí, a toda, y así muchas amigas de la comunidad, porque uno en esta comunidad se vuelve amigo, se comparte uno la receta, se comparte uno las experiencias, comienza uno, mire, ¿qué puedo hacer para esto, ¿qué puedo hacer para lo otro? Entonces eso es muy favorable. Desen esa oportunidad. Están a tiempo. Nunca es tarde para empezar.